La generación que decidió quedarse: juventudes rurales que transforman el Suroeste antioqueño (Reportaje)

Por: Raul Camelo Buenaventura

21 de mayo de 2026

El bus recorre las carreteras del Suroeste antioqueño mientras un grupo de jóvenes conversa sobre arte, medio ambiente, feminismo y territorio. Algunos vienen de Jericó, otros de Támesis, Andes y Santa Bárbara. Entre risas y música hablan de algo que preocupa mucho a las juventudes rurales: la necesidad de irse del territorio para conseguir oportunidades. Ellos, por el contrario, decidieron quedarse.














Imagen de Nataly Ortiz. Los Mijos. elpoderdelacultura.co

En Suroeste antioqueño ha sido reconocido históricamente por los paisajes cafeteros y actualmente por el turismo, pero detrás de la imagen tranquila de esta región, también existen problemas que afectan a muchos jóvenes. La falta de empleo, las pocas oportunidades de estudio y la migración constante hacia Medellín hacen parte de la realidad cotidiana de la región.

En medio de todo eso apareció Los Mijos, un movimiento juvenil que reúne jóvenes de diferentes municipios del Suroeste para crear espacios desde el arte, la comunicación y el trabajo comunitario. Más que una organización formal, es un “parche de amigos” que encontraron formas de hablar sobre las cosas que les preocupan. En el artículo Los Mijos: un bus en movimiento, publicado por El Poder de la Cultura, la integrante Valeria Franco describe el colectivo como “un parche poderoso” (El Poder de la Cultura, 2022).

Aunque muchas veces se piensa que la política solo tiene que ver con elecciones o partidos, los jóvenes de Los Mijos entienden el liderazgo de otra manera. Para ellos también es político reunirse en una casa cultural, pintar un mural o hacer encuentros sobre salud mental y medio ambiente. Algunos incluso participan en recorridos territoriales y actividades relacionadas con el cuidado del agua y las montañas.


























Imagen adaptada de Proyecto Mijos, por visionsuroeste.com/proyecto/mijos/

“Estamos haciendo el junte porque nos sentimos región”, dice también Valeria Franco (El Poder de la Cultura, 2022). Esa frase resume mucho de lo que pasa en el movimiento. Jóvenes de municipios distintos que no se conocían, hoy comparten espacios y preocupaciones similares sobre el futuro del territorio.

En municipios como Támesis o Jericó, donde existen discusiones alrededor de la minería y la protección ambiental, varios jóvenes comenzaron a involucrarse más en temas relacionados con la defensa del territorio. Algunos lo hacen desde el arte, otros desde la comunicación o desde procesos comunitarios. Lo interesante es que muchos coinciden en algo: quedarse en el Suroeste también puede ser una forma de resistencia. Estos espacios funcionan como lugares de apoyo emocional. Muchos jóvenes rurales sienten incertidumbre sobre su futuro o frustración por tener que abandonar sus pueblos. Por eso colectivos como Los Mijos se convierten en espacios donde pueden hablar, compartir experiencias y sentirse acompañados.

Al final, cuando el bus sigue avanzando entre las montañas y cae la tarde sobre la carretera, queda la sensación de que estos jóvenes están intentando cambiar la forma en que se mira el Suroeste antioqueño. No solamente desde el turismo o el café, sino desde las historias de quienes todavía creen que vale la pena quedarse y construir algo en sus propios territorios.

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